Moras: Nutre tu piel contra la contaminación

Las moras son un elixir de juventud y una fuente de belleza que ayuda a eliminar manchas y arrugas, por eso cada vez más firmas de belleza las incluyen en sus productos.

LO QUE TIENES QUE SABER

Parte de su secreto tiene que ver con su color. Los frutos deben su pigmentación a los carotenoides y antocianos que suponen una fuente de salud y belleza por su poder antioxidante. Los carotenoides tienen un alto contenido de antioxidantes que protegen a la piel de los radicales libres que la dañan y la envejecen.

Según la Fruitarian Foundation, las moras son ricas en vitamina A, Potasio, Fósforo y calcio; además contienen:

Alantoína: provoca una fuerte estimulación de la proliferación celular y la reconstrucción y reparación de tejidos.

Colágeno: Es el regenerador natural de las células, por lo que deja la piel tersa y suave.

Ácido Glicólico: Es exfoliante y favorece el peeling natural de la piel, eliminando las células muertas y reemplazándolas por nuevas. Se utiliza para eliminar manchas de la piel, estrías, cicatrices, celulitis, piel de naranja y arrugas.

Elastina: Realiza el proceso de estiramiento de la piel.

Enzimas fibrinolíticas: Limpian los microcapilares favoreciendo la oxigenación y nutrición de los tejidos, favoreciendo el remodelamiento vascular adecuado. 

Pero no sólo el fruto de las moras se utiliza para elaborar cosméticos, de la corteza seca de las raíces del moral se extraen los fenilflavones que son agentes decolorantes muy eficaces para combatir la aparición de manchas en la dermis.

 

PARA NUTRIR LA PIEL

Recuerda que lo que comes se refleja en el estado y color de tu piel. Las moras aportan un sinfín de propiedades que te permiten cuidarte desde el interior. Si tu organismo está sano,  tu piel también lo estará. Pocas  frutas aportan tanta vitamina E, y ahí radica su mayor valor nutritivo, convirtiéndola en perfecta para tratar problemas circulatorios.  Además tonifican y purifican la sangre, lo que se aprecia en el cutis, que queda luminoso y sin impurezas. 

Proporcionan calcio, potasio, magnesio. Fibra soluble, taninos (sustancias que actúan como  protectoras cardiovasculares) y flavonoides (antioxidantes con propiedades anticancerígenas). A todo ello hay que añadir que poseen un bajo valor calórico (por su escaso aporte de hidratos de carbono). 

También son una fuente de fibra, con lo cual ayudan a mejorar el tránsito intestinal e inciden positivamente en el colesterol  y la diabetes.  Su contenido en vitamina C interviene en la formación de colágeno, huesos, dientes, glóbulos rojos y en la absorción del hierro. Además ofrecen resistencia al cuerpo contra las infecciones. La vitamina E es la que se encarga de proteger  al organismo de las moléculas tóxicas, evita la destrucción anormal de glóbulos rojos, previene los trastornos oculares, las anemias y los ataques cardiacos. 

Por otra parte, al ingerir sustancias como los antocianos, carotenoides, taninos y flavonoides, potenciarás tu sistema inmunológico, contribuyendo a reducir el riesgo de enfermedades degenerativas y cardiovasculares. 

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