Musa Embellé: Reina Alexandra

La reina de la juventud 

Alexandra de Dinamarca, nacida en Copenhagen en 1844, fue Princesa de Gales de 1863 a 1901 ( el mayor tiempo que una mujer ha tenido ese título) antes de convertirse en la Reina de Gran Bretaña de 1901 a 1910, siguiendo la muerte de la Reina Victoria. 

La familia de Alexandra llegó al poder cuando su padre fue elegido para subir al trono Danés. Cuando Alexandra tenía diesciséis, su matrimonio fue acordado con el Príncipe de Gales que después se convertiría en el Rey Eduardo VII. 

El Rey Eduardo fue conocido por ser un playboy, tenía affairs públicos con muchas actrices y mujeres de la alta sociedad. Sin embargo, a pesar de esto, su matrimonio con Alexandra se decía que era muy feliz, un matrimonio de la realeza. 

Alexandra era reconocida por su belleza, su gracia y su encanto. Y su estilo era muy copiado. Era común que vistiera cuellos altos y gargantillas, aparentemente para cubrir una cicatriz que tenía en el cuello. La verdad es que cualquiera que fuera la razón real, sentó bases para las tendencias de moda de los siguientes cincuenta años. 

Fue una de las primeras mujeres de la era Eduardina en usar abiertamente polvos faciales y pintalabios, dando así el "permiso" o la aceptación para que otras mujeres también lo hicieran porque a pesar de que algunas actrices lo hacían, Alexandra le dió al maquillaje la estampa Real de aprovación y un nivel de aceptación que nadie más era capaz de darle. 

Aún así, con o sin maquillaje, se dice que la Reina Alexandra lucía extraordinariamente joven. Un artículo en 1907 de la edición de US Vogue ( cuando Alexandra tenía 63 años) dictó:

"La Reina Alexandra de Inglaterra ha sido por mucho tiempo una maravilla del universo por su remarcable apariencia de juventud"

Aunque también dejó claro que esta frescura no la lograba sin ningún esfuerzo. Alexandra era muy diferente a su predecesora, la Reina Victoria. No solamente la Reina Alexandra utilizaba maquillaje, sino que era fanática de montar a caballo y disfrutaba de la cacería -muy poco típico de las mujeres de la realeza en esa época-. 

Se dice que esmaltaba su rostro, pintándola primero con una base blanca sobra la cual se aplicaba un tono rosado o rojo. Sobretodo en sus años más tardíos, cuando su piel mostraba ya los signos de envejecimiento. 

A pesar de no tener permitido influenciar en asuntos diplomáticos, fue la primer Reina en tener asiento en los debates de la Cámara de los Comunes  en 1910, demostrando que realmente era una mujer con una nueva mente más abierta y con el valor de hacerse notar. 

 

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